
Nota del Editor: Columna de opinión invitada. Noticias de Bayamón no necesariamente se solidariza con las opiniones vertidas en esta sección.
Abandonar un perro nunca puede ser la solución
Por: Dustin Rivera
Estudiante de Ingeniería Industrial
Universidad Interamericana de Puerto Rico – Recinto de Bayamón

Abandonar un perro nunca puede ser la solución
Por: Dustin Rivera
Cada vez que veo perros abandonados en las calles de Bayamón, Toa Baja, Toa Alta, Guaynabo o Naranjito, me cuesta entender cómo alguien puede dejar atrás a un animal que dependía completamente de ellos. Un perro no entiende por qué de momento lo dejan solo en una carretera, en un solar o frente a una urbanización. Solo sabe que perdió a la persona que más quería.
Sé que la situación económica está difícil. Todo está más caro: la comida, la gasolina, la renta, la luz y hasta los productos para mascotas. Muchas familias están pasando momentos complicados y eso también afecta el cuidado de los animales. La comida para perros ha subido de precio, las vacunas cuestan más y llevar un perro al veterinario se ha convertido en algo difícil para mucha gente.
Pero aunque entiendo esa realidad, no puedo justificar el abandono. Un perro no tiene culpa de la crisis económica. Ellos siguen siendo leales aunque uno esté pasando por problemas. Un perro no abandona a su dueño cuando las cosas van mal. Al contrario, muchas veces es el único que está ahí, acompañando, esperando en la puerta o acostándose al lado de uno cuando uno se siente triste o solo.
En Bayamón y áreas cercanas cada vez se ven más perros solos, buscando comida entre basura, cruzando calles peligrosas o acostados debajo de carros para protegerse del sol. Algunos fueron abandonados porque crecieron demasiado, porque enfermaban o porque ya no eran “convenientes”. Eso duele, porque demuestra que todavía hay personas que ven a los animales como si fueran objetos que se pueden desechar.
Hace poco se conoció el caso de varios perros abandonados en una casa de Bayamón. Algunos murieron y otros fueron encontrados en malas condiciones. Ese caso demuestra que este problema es serio y que no podemos seguir ignorándolo.
Si una familia ya no puede cuidar un perro, debe buscar ayuda. Existen rescatistas, refugios y personas que muchas veces están dispuestas a colaborar. También sería bueno que los municipios y el gobierno desarrollen más clínicas veterinarias económicas, programas de alimento para mascotas y campañas de esterilización para evitar que la situación siga empeorando.
Entiendo que es necesario prestar más atención a la situación de los animales en la calle, ya que viven en condiciones de alta vulnerabilidad. Un perro abandonado no puede comunicar lo que necesita, como alimento o atención médica, ni tiene forma de buscar ayuda por su cuenta. En muchos casos, su bienestar depende de que alguna persona o iniciativa comunitaria intervenga a tiempo.
La manera en que tratamos a los animales dice mucho de quiénes somos como personas. Cuando una sociedad deja que sus perros sufran y sean abandonados, también pierde parte de su sensibilidad y de su humanidad.
