
Nota del editor: Columna invitada. Las opiniones vertidas en esta sección no necesariamente representan la linea editorial de Noticias de Bayamón.
“Instagram y el aula universitaria: lo que dicen los datos”
Por: Pablo Vázquez Toledo —Estudiante investigador, Senior en Biociencias – Universidad Sagrado Corazón
Los tiempos cambian, y cuando se trata del uso de Instagram en el aula universitaria, las percepciones suelen adelantarse a la evidencia. Para aportar datos concretos a este debate, realicé una investigación con 214 estudiantes universitarios mayores de 21 años, pertenecientes a todas las universidades del país, con el propósito de analizar cómo esta plataforma influye realmente en la experiencia académica. Los resultados confirman preocupaciones existentes, pero también revelan oportunidades que la institución universitaria no debería pasar por alto.
Los resultados confirman una realidad que ya se percibe en los salones de clase. El 56.8% del estudiantado utiliza Instagram tres horas o más al día, y el 66.4% admite conectarse durante las clases. Estos datos explican por qué la plataforma suele verse como una distracción constante. Sin embargo, la investigación demuestra que detener el análisis en ese punto conduce a conclusiones incompletas.
En efecto, el 81% de los participantes reconoce que el uso de Instagram puede afectar su concentración o restar tiempo para completar tareas académicas. Esta percepción valida una preocupación legítima del profesorado y de las instituciones. No obstante, el mismo estudio revela un hallazgo que invita a replantear el enfoque: el 60.3% del estudiantado identificó beneficios académicos asociados a la plataforma, y cerca de un tercio afirmó utilizar Instagram para buscar información de clase, aclarar conceptos o complementar contenidos. En términos prácticos, la misma herramienta que distrae es también utilizada como apoyo informal al aprendizaje.
La investigación también examinó el impacto social y emocional. El 46.7% de los estudiantes indicó haber fortalecido relaciones interpersonales a través de Instagram, un dato relevante en un contexto universitario donde la integración social incide en la permanencia académica. Sin embargo, los resultados también alertan sobre riesgos: el 32% reportó haber experimentado humillación o insultos en la plataforma, y el 38.4% señaló haber vivido situaciones sociales conflictivas derivadas de su uso. Estas experiencias no son marginales y tienen efectos directos sobre el bienestar emocional y, por ende, sobre el desempeño académico.
Otro dato revelador es que el 98.1% del estudiantado accede a Instagram desde su teléfono móvil, lo que explica su presencia constante en el entorno universitario. Además, el 76.3% indicó que su motivación principal es el entretenimiento, seguido de la interacción social (54.5%). Estos números confirman que Instagram no es un fenómeno periférico, sino parte integral de la vida cotidiana del estudiantado.
A la luz de estos hallazgos, el llamado a la institución académica es claro. La evidencia no respalda una política basada únicamente en la prohibición ni en la indiferencia. Por el contrario, los datos apuntan a la necesidad de reconocer estas plataformas como herramientas que pueden ponerse al servicio de la educación, siempre que se integren con intención pedagógica y acompañadas de formación en autorregulación, uso responsable y pensamiento crítico.
Ignorar Instagram no hará que desaparezca del campus. Estudiarlo, comprenderlo y utilizarlo estratégicamente puede convertirlo en un aliado del proceso educativo. La universidad que decida escuchar los datos y dialogar con su estudiantado estará mejor preparada para educar en un contexto social y digital que ya forma parte inseparable de nuestra realidad.

Pablo Vázquez Toledo, autor de la columna, es
Estudiante investigador, Senior en Biociencias – Universidad Sagrado Corazón
